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Cierzo
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Seremos gilipollas...

Seremos gilipollas... Estoy en una sala de espera y para matar el rato cojo una de las publicaciones que se encuentran sobre la mesita revistero. Es un ejemplar atrasado, pero es la única revista que queda y no puedo elegir mejor lectura.

En la portada viene destacada la noticia de que el príncipe Felipe y su prometida han sido registrados en el aeropuerto de Miami cuando regresaban a casa después de haber pasado unos días en las Bahamas. Me imagino la escena y disfruto de lo lindo. Los aduaneros yanquis con la lección aprendida, dispuestos a considerar sospechosa cualquier sonrisa, le piden al príncipe que abra la maleta. Él les descerraja la típica respuesta española aplicable a este tipo de situaciones: no sabe usted con quién está hablando. El de la aduna lo mira con recelo y don Felipe se presenta: soy el príncipe de España. El aduanero se parte el pecho de la risa y contesta: yo, el general Patton, tanto gusto. El príncipe se queda de pasta de boniato mientras el agente de aduanas examina sus calzoncillos.

Me imagino a Letizia, con el genio que gasta, poniendo el grito en el cielo cuando le miran el bolso. Le advierten que si va al lavabo volverán a inspeccionarla de nuevo, pero ella, muy suya, va al baño, quien sabe si por necesidad o por ganas de fastidiar la marrana, y los de la aduana vuelta a comenzar.

La feliz pareja pretendía que sus vacaciones tuvieran un carácter privado, por eso no se avisó del trasbordo con la pertinente antelación de 72 horas, por eso los agentes cumplieron escrupulosamente con su deber. Bien por los aduaneros de Yanquilandia. Allí la ley es la ley y es la misma para todos. No como en España.

Paso páginas regocijada por el incidente que ya conocía. Más artículos sobre el bodorrio. Una joyería ofrece más de 150 objetos para regalar a los novios. Por el módico precio de 30.000 euros, usted puede adquirir un detallito para obsequiar a los futuros reyes. La Orquesta de RTVE y el Coro Nacional serán los encargados de ponerle música al enlace. Los novios firmarán las capitulaciones matrimoniales acogiéndose al régimen de separación de bienes. Se siente, bonita, pero tú eres plebeya y en caso de divorcio te irás con lo que trajiste. Entre los regalos enviados figuran algunos tan prácticos como una campana de 1.600 kilos o un cubo de la misma piedra con la que se construyó la Catedral de la Almudena.

Giro páginas. La pareja Felipe-Letizia está en Mallorca y posa con los otros miembros de la familia real en el palacio de Marivent. Leticia va disfrazada de dama de la alta sociedad, tiene mala cara y ojeras y pone una sonrisa forzada a los fotógrafos. ¿Le durará el disgusto del aeropuerto?

En la sección de cartas de los lectores, una señora lamenta muchísimo que los atentados del 11-M les hayan fastidiado los planes a la parejita. Qué desgracia más grande, han tenido que cancelar su despedida de solteros en señal de luto. Pues qué quiere que le diga, señora. Peor lo estarán pasando las familias de los muertos o la novia de ese chaval asesinado con el que iba a casarse dos días después. Peor les va a esos miles de parejas españolas que no pueden ni soñar con casarse porque carecen de un empleo fijo y de un sueldo digno que les permita pagar durante 30 años la hipoteca de un cuchitril en un modesto barrio obrero. A ellos les debe hervir la sangre viendo las idas y venidas de la regia pareja, con su cargo vitalicio, su palacio de Madrid y su palacio de Mallorca, su cochazo oficial, su avión oficial, su helicóptero oficial, su barco oficial y su yate de recreo, con escolta permanente y personal a su servicio, con dinero contante y sonante para despilfarrar en necesidades y caprichos, con vacaciones de lujo... Y todo a costa del bolsillo de los españoles.

Mira que somos gilipollas, pardiez.
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