La última morada

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El cementerio de Montparnasse es la residencia permanente de muchos difuntos ilustres, que hoy, como ayer, pasean cubiertos de gloria por los pasillos de tumbas.

Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Dreyfus, el judío cuyo affaire dividió a Francia durante años; André Citröen, el de los coches; Emile Durkheim, fundador de la sociología con un estudio sobre el suicidio; Tristan Tzara, jefe de los dadaístas, Guy de Maupassant; Le Verner, el astrólogo que predijo la existencia de Neptuno; Cornelius Castoriadis, el filósofo griego; Baudelaire, Cioran; Beckett, Ionesco, César Vallejo, Julio Cortázar, Carol Dunlop, Marguerite Duras...

Judíos, cristianos, musulmanes, ateos... Tumbas de deportados de Auswicht, soldados muertos en la guerra de 1870, en la de 1914, en la II Guerra Mundial, en Indochina, huéspedes no tan conocidos reposan junto a las grandes glorias. Durmientes famosos y oscuros, todos igualados por la muerte, porque la fama es una representación simbólica que convierte a un individuo en una entidad abstracta, tan inabarcable como Saturno.

21/02/2007 16:46 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Artículos.




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