Antoine Roquetin

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Cuando pienso, el desaliento se apodera mí. Lo que hago es inútil y nada de lo que me rodea tiene sentido. Será que la vida humana es eso, un sinsentido, algo sin propósito. Aun así me siento libre y responsable porque conservo la consciencia, de la que soy prisionera. Ella lo determina todo. Ojalá fuera posible inventar un nuevo hombre liquidando los sistemas que lo alienan y le roban la libertad.

 

Hay días en que la visión existencialista del mundo determina mi testimonio insobornable de la realidad y el individualismo es un valor que permite creer en el poder creativo más que en las leyes sociales.

 

La existencia del prisionero es tan angustiosa que produce asco, una náusea que no debe privarle de ser libre.

 

*Antoine Roquetin, personaje central de la obra de Jean Paul Sastre “La náusea”.

23/06/2009 11:34 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Copio y pego.

A vuelapluma

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Buscarme y no encontrarme


Inocente y humana


Perversa y humana


¿Quién soy?


He abrevado en una lata de filosofía


La poesía me ha secado el espíritu


Llegué a un callejón sin salida


con la lucidez de un tarado


En este mundo de degradación


el rey consumo lo es todo


y a falta de un dios


no hay más paraíso que el de la química.

11/06/2009 18:11 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Literatura.

Dilema

Si los hombres son buenos, entonces las leyes para el control de armas no son necesarias; y si los hombres son malos, las leyes para el control de armas no serán eficaces. Por consiguiente, las leyes para el control de armas, o bien no son necesarias, o no son eficaces.

09/06/2009 13:00 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando.

Datación para ateos

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Alberto me propone una alternativa a la hora de datar. En vez de aplicar el conocido a.d.C. o d.d.C. (antes de Cristo o después de Cristo), optar por a.n.e. o d.n.e (antes de nuestra era o después de nuestra era).

09/06/2009 12:58 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Copio y pego.

Borrar

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Escribir es borrar, tachar y montar. Para cualquier escritor es fundamental aprender a borrar. No se borra por pereza, por valorar en exceso el esfuerzo que se ha hecho o porque borrar significa sentarse ante el papel y reescribir o deshacer lo escrito. Es uno de los principales peligros que acechan al escritor, la pereza. La autocomplacencia casi siempre es consecuencia de la pereza.

26/05/2009 13:04 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Literatura.

Contra el bloqueo

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El bloqueo se produce porque el censor actúa antes incluso de que el escritor escriba. Deja mudo a tu censor interno, no sufras, escribe. Escribe lo que sea, ya seleccionarás más tarde, ya corregirás después, ya cambiarás luego.

 

Sobre todo, escribe, cuenta lo que se te ocurra, lanza palabras al papel, déjate llevar por ese impulso que te guía. No te reprimas por miedo al error o al abismo blanco de una hoja de papel. Escribe ideas descabelladas, pensamientos absurdos, locuras irrealizables. Lánzate sin temor.

 

Cuando hayas acabado de escribir, llama al censor y fíate de su buen criterio, él sabrá separar el polvo de la paja y te dirá si tu escrito puede convertirse en literatura.

20/05/2009 12:23 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Literatura.

Destino, azar y libre albedrío

Entre científicos, filósofos y gente común hay una tajante división de opiniones acerca de si el futuro está o no completamente determinado por el pasado. Los deterministas creen que el estado total del universo en un momento dado cualquiera determina completamente el estado total del universo en cualquier momento futuro. Ésta era, por ejemplo, la convicción de Einstein. Entre los más grandes de los muchos filósofos que abrazaron la causa determinista estuvo Benedicto de Spinoza, y Einstein se consideraba a sí mismo spinozista. Fue ésta una de las razones por las que Einstein nunca aceptó como definitiva la teoría cuántica, pues en la teoría cuántica el azar interviene de manera fundamental en la determinación de los acontecimientos de microcosmos. Como el propio Einstein manifestó en cierta ocasión: “No creo que Dios juegue a los dados con el universo”.

 

Los indeterministas juzgan que el futuro del universo está sólo parcialmente determinado por su estado actual. Los indeterministas no creen necesariamente en el libre albedrío, y pueden no creer tampoco que el papel que desempeñe el azar a nivel subatómico sea la causa que impida la completa determinación del futuro. Por otra parte, pueden tal vez creer que los seres vivos, y muy especialmente los humanos, tienen “albedrío”, una voluntad libre que les otorga capacidad para modificar perceptiblemente el futuro de manera que ni siquiera un ser sobrehumano capaz de conocer todo acerca del estado actual del universo podría predecir. Charles Peirce y William James fueron dos eminentes filósofos norteamericanos, paladines de la causa indeterminista.

 

Estas profundas cuestiones filosóficas están, en última instancia, íntimamente ligadas a la naturaleza del tiempo, e igualmente, a lo que se entiende al decir que un suceso es causa de otro. Nadie duda de que aplicando técnicas matemáticas a nuestras mediciones del universo podamos predecir con exactitud casi perfecta: el momento en que se producirá el próximo eclipse solar, por ejemplo. Y nadie niega que otros sucesos, tales como el resultado del próximo lanzamiento de un dado, o el tiempo que hará la semana que viene, sin impredecibles en la práctica, precisamente a causa de que los factores que los determinan son demasiado complejos.

 

La gran cuestión estriba en elucidar si las leyes básicas del universo son completamente determinísticas o no, o si la novedad genuina está originada por el puro azar en el nivel microcósmico, o por los seres vivos del nivel macroscópico, o tal vez por ambos. Estas cuestiones fueron ya debatidas por los antiguos griegos; científicos, filósofos y gentes de a pie han estado desde entonces debatiéndolas sin cesar.

20/05/2009 12:20 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando.

Educación infantil

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Rousseau no fue lo que podría decirse un padre modélico, pues envió a sus cinco hijos a un orfanato. Más tarde, avergonzado de su proceder, se defendió alegando una serie de motivos deslavazados: no tenía suficiente dinero para alimentar a las criaturas, no tenía la certeza de que su compañera, la lavandera Thérèse Levasseur, no se hubiera quedado embarazada de otros hombres, también tenía dudas de que Thérèse fuera capaz de criar a sus hijos. Además, fue preferible apartar a su descendencia de la enervante influencia burguesa y permitirles el placer de la disciplina de una institución pública. Por último, ¿cómo hubiera podido escribir con tranquilidad en una casa llena de ruidosos niños? Si uno quiere convertirse en padre de la pedagogía moderna no puede rebajarse a las minucias intelectuales que exige la educación de los propios hijos.

 

Los hijos de Rousseau fueron declarados expósitos y crecieron anónimamente. Fue imposible localizarlos más tarde, cuando su progenitor se quejó de que nunca podría sentir la bendita dicha de abrazarlos con su tierno corazón paternal. Nadie podía acusarle –alegó Rousseau- de haber sido un hombre sin corazón ni un padre desnaturalizado. Al fin y al cabo, culmina sus autoconfesiones con la idea de que: a él también le hubiera gustado educarse en un orfanato.

 

Rousseau nos enseñó que los niños son distintos que los adultos. Antes de Rousseau se estimaba que la infancia era un estado de imperfección humana. Por el contrario, Rousseau consideraba la niñez como una fase larga e importante del desarrollo, que conduce gradualmente a la madurez a través de una serie de etapas. El autor de “Emilio” puso de manifiesto que los niños tienen necesidades diferentes de las de los adultos y que piensan y perciben de otra manera. Rousseau afirmó que los niños han de aprender de la experiencia y no de reglas dogmáticas que no pueden comprender. No se les debe exigir algo que a su edad no son capaces de hacer. Los niños deben desarrollarse como las plantas, a las que se deja crecer y hacerse fuertes antes de podarlas.

 

Rousseau ilustró su concepto pedagógico describiendo un niño tipo al que llamó Emilio. Su pedagogía se basaba en la hipótesis fundamental de que el hombre es bueno por naturaleza y de que es la sociedad la que le corrompe. Los niños poseen una perfección natural sin adulterar. Por esta razón, Emilio debe ser educado para conservar en lo posible esa excelencia natural de la infancia mientras le preparan para vivir en sociedad.

 

Emilio pasará los primeros doce años de su vida alejado de la sociedad, viviendo en el campo con la única compañía de su educador. No contará con ninguna ayuda para aprender a andar. Los golpes que pueda darse al caer no le perjudican, sino que le sirven para saber cómo levantarse. Su educación consiste básicamente en que su maestro se abstenga de intervenir en su desarrollo evitando cualquier injerencia decisiva.

 

Emilio vivirá hasta los doce años con la única compañía de su educador, que le dirige sin que el niño sea consciente de ello. El preceptor siempre mantiene el control de la situación. En todo este tiempo a su aprendiz no le enseñará ni a leer ni a escribir. Antes de formar su intelecto es necesario fortalece su cuerpo y despertar sus sentidos. Una vez que aprende a leer, la única lectura que se le permitirá es “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe, porque en ella encontrará la descripción de una vida autárquica en la naturaleza. La propuesta no deja de ser irónica, pues esta obra constituye el ejemplo clásico de cómo la sociedad burguesa explota la naturaleza todo lo posible para proclamar al fin la victoria de la civilización.

 

Entre los doce y los quince años hay que alimentar gradualmente el intelecto de Emilio, pero el alumno no se formará sólo con libros, sino también con excursiones al aire libre. Debe observar a la naturaleza y plantearse interrogantes que ha de resolver por sí mismo, ha de aprender a tener un pensamiento autónomo. A los quince años es posible confrontarlo con las cuestiones religiosas y morales, también conocerá al otro sexo y se le preparará para la vida matrimonial.

 

Hay que destacar que para Rousseau la educación infantil significa educación de los varones. Para él, formar a las mujeres no tiene sentido, puesto que, en su opinión, aunque son capaces de pensar, nunca lograrán comprender complejos nexos causales: las mujeres son como eternos niños. Su destino es el matrimonio y la maternidad. Las mujeres son esencialmente ingenuas, débiles, recatadas y, en cualquier caso, no les corresponde llevar una vida independiente. Sirven de entretenimiento al hombre y dependen de él.

12/05/2009 11:02 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Artículos.

Dios en la filosofía experimental

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El modo en que Newton concibió el espacio y el tiempo revela el papel decisivo que Dios ocupo en su visón del universo. Conviene matizar con más detalle cómo relacionó la teología natural con su filosofía experimental, y cómo, en definitiva, pudo la religión natural encontrar apoyo en la ciencia. Siendo el objeto y el método de cada una obviamente diferentes, ¿de qué manera pudo hacerlas compatibles? Y, sobre todo, ¿cómo pudo admitir una hipótesis teológica tan determinante y sostener a la vez el lema de “no fingir hipótesis” en filosofía natural? ¿Puede considerarse Dios una hipótesis en su imagen filosófico-científica del mundo? Y, de serlo, ¿tuvo el carácter de una hipótesis deducida de los fenómenos o actuaba como mera conjetura? Es más, ¿consideró Newton que Dios era una certeza a salvo de cualquier duda racional? En el Escolio General aparece una descripción de los atributos de Dios. Newton comienza el escolio con un breve párrafo en el que refuta la hipótesis cartesiana de los vórtices mediante los datos observacionales de planetas y cometas. Pone de manifiesto cuál es la constitución del sistema solar (seis planetas girando alrededor del Sol en el mismo sentido plano, junto con sus lunas) y defiende la capacidad de la ley de la gravitación para explicar la regularidad y continuidad de las órbitas de los cuerpos celestes. Ahora bien, esta misma ley no puede dar razón inicial del sistema de órbitas. Partiendo de la constitución actual del universo, no puede suponer que “simples causas mecánicas den nacimiento a tantos movimientos regulares”. “Este sistema sumamente bello del Sol, los planetas y los cometas sólo pueden proceder del designio y dominio de un ser inteligente y poderoso”. I. B. Cohen, gran especialista en Newton, pregunta: ¿equivale la existencia de Dios a una hipótesis no deducida de los fenómenos? De serlo, semejante hipótesis no tendría cabida en la filosofía experimental, según la declaración del mismo Newton en el Escolio. La respuesta, según Cohen, es que, para Newton, Dios sí es una hipótesis derivada de los fenómenos, porque el sistema solar nos hace patente en su estructura que no puede haber sido producido solamente por causas mecánicas. En sus cartas al doctor Bentley y en la Cuestión 28 de la Óptica, Dios aparece como causa de las propiedades del universo y de los fenómenos, respectivamente. Sus palabras en el Escolio confirman tal posición: “Y esto por lo que concierne a Dios, de quien procede ciertamente hablar en filosofía natural partiendo de los fenómenos”.

21/04/2009 18:18 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando.

Cristo pionero de la causa nacionalsocialista

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El nacimiento del señor, que se celebra en Navidad, es de la máxima importancia para los nacionalsocialistas. Cristo ha sido el mayor pionero en la lucha contra el enemigo mundial judío. Cristo fue el ser más combativo que nunca haya vivido en la Tierra… La lucha contra el poder del capital fue la obra de toda su vida y su enseñanza, por la cual su archienemigo, el judío, lo clavó en la cruz. La tarea que Cristo empezó pero no pudo terminar la concluiré yo.

 

Fragmento del discurso pronunciado en Munich, en diciembre de 1926, por Adolf Hitler.

21/04/2009 18:10 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Copio y pego.

Creer en milagros

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Mi razón atea no tiene nada que oponer a los milagros. Sólo puedo decir que no creo en ellos, aunque me parece bien que otros sí crean. Para sostener lo que supone una derogación inadmisible de las leyes de la naturaleza, sería preciso que éstas fueran totalmente conocidas para nosotros, lo que está lejos de suceder.

Los milagros del Evangelio se pueden clasificar en tres categorías: las curaciones (paralíticos, sordomudos, endemoniados), en este apartado cabrían las reanimaciones (de la hija de Jairo, la del hijo de la viuda de Naím o la famosa "resurrección" de Lázaro; las anomalías (Jesús caminando por las aguas del lago Tiberíades, la multiplicación de los panes y los peces); y los fenómenos sobrenaturales (la Anunciación, la Ascensión, las apariciones de Jesús tras la Pascua).

Los progresos de la medicina, en particular de la neurología, y de la psicosomática permiten dar explicaciones a los milagros de curación; por lo demás, casi todas las enfermedades presentan fases de remisión: los curados del Evangelio pudieron beneficiarse de ello, sin contar que no se sabe si aquellos aquejados recayeron en su mal. Respecto a las reanimaciones basta con señalar que en aquella época los certificados de defunción se extendían por simples apariencias, y que muchos de ellos, según modernas investigaciones, estaban equivocados. El número de personas enterradas vivas en la antigüedad debió ser considerable.

Las anomalías son probablemente efecto de espejismos, ilusiones ópticas (andar sobre las aguas).

En cuanto a los fenómenos sobrenaturales, consisten, verosímilmente, en maneras imaginadas para explicar a las gentes sencillas realidades espirituales demasiado difíciles de comprender.

Por lo demás, no parece fácil imaginarse a Dios contraviniendo las leyes naturales fijadas por Él mismo: sería un pésimo ejemplo para sus criaturas.

14/04/2009 18:11 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando.

Contra todos los valores

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Nietzsche es un beligerante oponente de casi todo valor, en términos ilustrados, liberal o democrático. Debemos resistir a toda debilidad sentimental, se recuerda a sí mismo: “La vida misma es esencialmente aprobación, daño, dominación, de los más extraño y débil; supresión, dureza, imposición de las propias formas, incorporación y cuando menos, en el mejor de los casos, explotación…”

 

Debemos endurecernos frente al sufrimiento de los otros, guiar nuestros carros por encima de lo mórbido y decadente. La simpatía, la compasión, tal como nosotros las sentimos, son virtudes enfermizas propias del judeo-cristianismo, síntomas de ese autoodio y disgusto por la vida que los órdenes más bajos, en su rencoroso resentimiento, y a través de un golpe de genio, han logrado que sus propios señores interiorizaran. Dado que los hombres han infectado de forma siniestra a los fuertes su propio y repugnante nihilismo, Nietzsche aboga inversamente por la crueldad y el placer de la dominación, por “todo lo altivo, viril, conquistador, dominador”. Como William Blake, sospecha que la piedad y el altruismo son los rostros aceptables de la agresión, piadosas máscaras de un régimen depredador; de ahí que él no pueda ver nada en el socialismo que no sea una desastrosa extensión de la nivelación abstracta. El socialismo no es suficientemente revolucionario, es una mera versión colectivista de las debilitadas virtudes burguesas, que no acierta a desafiar esos fetiches totales que son la moralidad y el sujeto. Se trata simplemente de una marca alternativa de la ética social, ligada en este sentido a su antagonista político; el único futuro que realmente vale la pena es el que conlleva la transmutación de todos los valores.

 

17/03/2009 13:09 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando.

Cristales rotos

Cristales rotos, obra de la escritora Pilar Pérez Redolar, es el diario de una mujer cualquiera. Cualquier mujer puede verse retratada en un diario íntimo que desgrana el fin de un matrimonio. Cuarenta años de edad y veinte de ellos casada. La mitad de la vida entregada a un hombre al que ya no se ama y que ha dejado de ser el príncipe azul para convertirse en un catálogo de defectos.

La protagonista de la novela llega, como tantísimas mujeres, a un momento crítico: la cuenta atrás ha comenzado, el tiempo que queda por recorrer toma carrerilla y los años avanzan raudos hacia el final. Por eso, el instinto de supervivencia la estimula para que viva antes de morir, para que no fenezca víctima del tedio, de la frustración y del vacío afectivo.

Dos hijos frenan las ansias de una mujer consagrada a su familia y a su hogar, sin deseos propios, sin un horizonte mínimamente atractivo. Llegados a este punto, ¿vale la pena seguir? El desamor se ha instalado en la relación y separa a la pareja, ya no quedan proyectos comunes por realizar ni ilusiones por compartir, ya no hay rastro de ese amor que un día les animó a unirse para siempre. La falta de comunicación, el desapego, incluso el odio, cercenan una convivencia que hiere, plagada de pequeños dolores. Un hombre, un poeta sensible y romántico, inyectará a su anodina existencia una chispa de alegría. El destino es decir o decir no y siempre es posible elegir otro camino, ensayar un nuevo futuro. Solo se precisa coraje para encarar el reto.

Pilar Pérez Redolar nos relata con una claridad desnuda de aderezos las interioridades de una mujer que ve cómo su mundo se hace añicos y constata, al igual que todos hemos hecho alguna vez, que el amor es eterno, mientras dura. Un diario es ese amigo y confidente con el que se desahogan penas que nadie más conoce. El papel guarda secretos, retazos descarnados de un alma que agoniza bajo el peso contundente de la realidad. Y éste es el formato que Pilar Pérez Redolar ha elegido para dar cuerpo a su novela. Narradas en primera persona se nos ofrecen las vivencias de una mujer hundida, pero que todavía se siente con fuerza para enderezar los derroteros de su existencia. No es fácil tomar la decisión de romper con todo, partir de cero y establecer un nuevo rumbo. En esta tesitura se hallan miles de mujeres. Mujeres que han postergado sus planes personales para ocuparse de una familia que acaba por no necesitarlas, es entonces cuando toca replantearse los objetivos: seguir en la comodidad de una vida que ya se conoce y que no aporta ninguna satisfacción o cambiarlo todo de arriba abajo. La esperanza es el último reducto cuando el destino parece guiarnos derechos al fondo de una sima negra y la obra es un alegato a esa esperanza que no debe abandonarnos nunca, porque los sueños imposibles también se cumplen.

Título de la obra: Cristales rotos

Autora: Pilar Pérez Redolar

Editorial: La fragua del trovador

Zaragoza, 2008

Páginas: 77

Los ingresos obtenidos con la venta de este libro serán destinados a la Comisión de la Mujer FABZ en beneficio de sus proyectos con las mujeres maltratadas.

*Reseña publicada el día 26 de febrero de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

 

17/03/2009 12:52 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Literatura.

Premio Limonada

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Miguel Santa Olalla ha concedido a Cierzo el Premio Limonada por su contenido filosófico. Su blog Boulesis es un referente en la Red. No se lo pierdan, amigos.

12/03/2009 13:47 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando.

Remedio para el perfeccionismo

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“Lo mejor es hacer cada proyecto a tu manera y, si encuentra su público, maravilloso. Y si no, pues no hay nada que hacer; así que es mejor no preocuparse. Pero si tú lo has hecho lo mejor que sabes, te vas a sentir bien”.

 

“Hay cosas que haría de otra manera si pudiera repetirlas, pero como eso no es posible no vale la pena darle vueltas”.

 

A Clint Eastwood le ha costado 78 años dar con la fórmula para vencer su perfeccionismo obsesivo. Sus planteamientos son excelentes, pero cuando toca aplicarlos en una misma…, ya es otra cosa.

 

* Extracto de la entrevista a Clint Eastwood realizada por Jorge Fabián.

12/03/2009 13:18 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Cosas mías.




Mis pies en el lodo, mi cabeza en las estrellas

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