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Cierzo

Allí y aquí

Allí y aquí

Durante las últimas semanas hemos oído decir que los japoneses son un pueblo sin parangón. Sensible, ordenado, cívico, disciplinado, obediente, sufrido, que padece en silencio, que no protesta, que no expresa sus emociones de dolor o enojo, que no grita, que no exige explicaciones, que acepta las razones que le dan, que cumple las recomendaciones que se le hacen… En suma, los japoneses tienen todas las virtudes de las que carecemos los españoles.

Los japoneses actúan así, pero imaginemos qué pasaría en España. Aquí ocurre un accidente nuclear en Ascó y no se informa a las autoridades. No solo eso, se permite que los escolares visiten la central. Aquí no nos enteraríamos de nada hasta que nos aparecieran topos de color verde en la piel. Nos sorprende la respuesta de los japoneses cuando lo más lógico, según nuestro modo de ser, habría sido quitarle la poltrona a un gobierno que engaña, pedir la cabeza de los mandamases de la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) y llevar al paredón a los ingenieros que construyeron la central y a los científicos que avalaron la seguridad de la misma. Aquí encontraríamos más adecuado que los japoneses se echaran a la calle, que no hubiera voluntarios para inmolarse en un reactor nuclear, que gritaran, que huyeran de una tierra infestada de radiación… Cualquier reacción nos parecería mejor que esa tranquilidad pasmosa frente a la mentira, a los daños, a la devastación, a la muerte, a la inmoralidad, a la improvisación, a los parches. Por cierto, ¿hay alguna plaza Tahrir en España?

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