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Cierzo

Educación sexual

Cuando yo era adolescente, la sexualidad era un tema tabú. No se hablaba de ella con los padres, ni siquiera las madres abordaban cuestiones meramente fisiológicas tales como la menstruación. Las mujeres, y los hombres, me temo, descubríamos la sexualidad por nuestra cuenta. Corrían buenos tiempos, y en la escuela nos impartieron algunas clases de educación sexual, clases que no aportaban sino tinieblas a la oscuridad. Al tener la primera regla, el asunto se ponía feo para las chicas: "Guardaros de los hombres como del demonio", nos alertaba el cura que impartía clase de religión. Nuestros compañeros de clase, amigos desde el parvulario, se convirtieron en unos seres malignos que sólo buscaban una cosa: dejarnos embarazadas. Mantenernos puras hasta el matrimonio era el discurso de la única educación sexual que recibimos.

Han pasado los años y la cosa ha empeorado. En las escuelas, las clases de educación sexual abordan el tema de la anticoncepción y la prevención del SIDA. Pero no se abordan cuestiones primordiales como el acto sexual, el deseo, el placer, el enamoramiento, el respeto al otro... Con esto, unas películas o revistas pornográficas y alguna aclaración paterna, los más afortunados se enfrentan a historias de amor cojas y llenas de prejuicios. Los adolescentes todavía recurren al chantaje emocional para obtener sexo: si me quisieras, lo harías. Las chicas todavía esperan encontrar un compañero romántico, dulce y atento, léase príncipe azul. Pese a la lucha en contra, el machismo pervive en el seno de las parejas.

Las enfermedades de transmisión sexual y los abortos en adolescentes no dejan de aumentar cada año. Uno de cada siete abortos se produce en jóvenes menores de 19 años, cifra que demuestra el fracaso en la información para evitar embarazos no deseados, pese a la gran cantidad de medios económicos que se han destinado a las campañas para fomentar unas relaciones sexuales seguras. ¿Qué falla? La información y los anticonceptivos son más accesibles que nunca.

Seguramente el error se encuentra en el tratamiento de la pubertad, reducida a una etapa de cambios emocionales y hormonales. Tras esta etapa, el hombre y la mujer se consideran maduros sexualmente y capaces de reproducirse. Este planteamiento que figura en los textos de 3º de ESO incurre en una omisión, la madurez sexual no siempre se corresponde con la madurez emocional y el acto sexual es algo más que una excitación y un orgasmo, incluye también sentimientos y afectos, la voluntad libre para actuar de manera responsable y el ineludible respeto por el compañero elegido. Estas cuestiones no se tocan y tendrían que ser preceptivas para una correcta educación sexual.

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