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Cierzo

¡Ah, el amor!

Todos los que escribimos hemos tocado en un momento u otro el tema del amor. ¡Ah, el amor!

El amor es una experiencia que deja huella en forma de profundas cicatrices en el alma. En esto del amor ¿quién no tiene heridas?

Se puede escribir sobre el amor de forma perversa, sublime, estúpida o genial, según nos afecte la realidad irracional que es enamorarse, porque el enamoramiento carece de toda lógica.

Un relato de amor bien traído emociona porque nos parece único y desmiente la idea de que todos los amores son iguales.

Escribir sobre el amor no tiene reglas, ni ética, ni un final feliz, porque, en contra de lo que se cree, el amor no es eterno, esto lo hemos comprobado todos.

Pero escribiendo del amor pueden incurrirse en tremendos errores: caer en el romanticismo ridículo, en el erotismo soez, en las descripciones toscas... y lo que es peor, dar la falsa esperanza a personas idealistas y soñadoras de que un día encontrarán ese amor idílico, maravilloso e irreal que les hará vivir un cuento de hadas.
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