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Cierzo

El arte de la razón

Los grandes artistas son aquellos que combinan soledad y universalidad, subjetividad y objetividad, espontaneidad y disciplina, y quizá sea éste el verdadero milagro del arte, que lo distingue tanto de la técnica como de la ciencia. En todas las civilizaciones que han utilizado el arco, las flechas tienden a adaptarse a él, midiendo dos tercios de su longitud. Esta importante convergencia técnica, sin embargo, no dice nada de la humanidad, sino sólo de su inteligencia, y menos todavía de los individuos que la forman: solamente se debe al mundo y sus leyes. Es invención, no creación, y poco importa el sujeto que la inventa. Nadie duda de que, sin los hermanos Lumière, habríamos tenido igualmente el cine. Pero sin Gorard jamás habríamos tenido Al final de la escapada ni Pierrot el loco. Sin Gutemberg, tarde o temprano, habríamos tenido imprenta. Sin Villon ni un solo verso de la Balada de los ahorcados. Los inventores nos hacen ganar tiempo. Los artistas nos lo hacen perder, y lo salvan.

Lo mismo cabe decir de las ciencias. Supongamos que Newton o Einstein hubieran muerto al nacer. La historia de las ciencias, ciertamente, hubiera sido otra, pero más en lo que se refiere a su ritmo que en su mismo contenido, más en lo que se refiere a sus anécdotas que en su misma orientación. Ni la gravitación universal ni la equivalencia de masa y energía se hubieran perdido: alguien, en algún momento, las hubiera descubierto, y por eso, en efecto, hablamos de descubrimientos y no de creaciones. Pero si Shakespeare no hubiera existido, si Miguel Ángel o Cézanne no hubieran existido, jamás habríamos tenido ninguna de sus obras ni nada que pudiera reemplazarlas. En tal caso, no sólo habrían cambiado el ritmo, los personajes o el transcurso anecdótico de la historia del arte, sino también su contenido más esencial e incluso, en parte, su misma orientación. Eliminemos de la historia de la música a Bach, Haydn y Beethoven: ¿quién puede saber qué hubiera sido de la música sin ellos? ¿Qué habría hecho Mozart sin Haydn, Schubert sin Beethoven o todos ellos sin Bach? Son los genios quienes hacen avanzar al arte, quienes lo constituyen, y son tan insustituibles post facto como imprevisibles de antemano.

Cabría decir lo mismo de la filosofía. Sin Platón, sin Descartes, sin Kant, sin Nietzsche, la filosofía habría sido, y seguiría siéndolo, esencialmente distinta de lo que es actualmente. Esto bastaría para probar que no es una ciencia. Pero, ¿es acaso un arte? Estamos ante una cuestión de definición. No obstante, lo es en la medida en que no existiría, o sería completamente distinta, sin cierto número de genios singulares, es decir, al igual que en el arte, originales y ejemplares: son ellos quienes nos sirven de criterio o regla, como diría Kant, para juzgar acerca de lo que una obra filosófica puede o no ofrecernos. Éste es el arte de la razón, si queremos decirlo así, para el que la verdad posible sería una belleza suficiente.

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