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Cierzo

El precedente

Robert McNamara, uno de los responsables de la guerra de Vietnam, escribió un libro en el que reconocía que la guerra fue un error. En esa guerra murieron 3 millones de vietnamitas y 58.000 soldados norteamericanos y se arrojaron sobre el país más bombas que las que se descargaron durante toda la Segunda Guerra Mundial, pero la guerra no fue considerada un error por ser injusta y brutal, sino porque Estados Unidos la perpetró aun a sabiendas de que no la podía ganar. Según McNamara, en 1965 ya se disponía de numerosas evidencias que demostraban que la victoria era imposible, pero el Gobierno norteamericano prosiguió adelante como si fuese viable. Durante quince años, el terrorismo político estadounidense impuso a los vietnamitas un Gobierno que no querían y dejó patente que las grandes potencias tienen derecho a hacer lo que se les antoja: poner o quitar gobernantes, según convenga; dictar la política económica a seguir, arruinando a unos y enriqueciendo a otros; violar los derechos humanos; exigir servidumbres; absolver de crímenes; proporcionar coartadas; maquillar la mentira hasta hacerla parecer real; borrar de la memoria colectiva aquello que no interesa que se sepa; hacer obligatorio el consumo de sus productos; anular el libre comercio; establecer préstamos de usura; aniquilar culturas autóctonas… ¿Es preciso continuar? Lo que me parece más repugnante de todo esto es la impunidad con la que se ejercen estos abusos y la rapidez con la que todos olvidamos. Ahora le ha tocado a Iraq, pero nosotros podemos ser los siguientes.

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