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Cierzo

Indignante

En un país democrático, como se supone es España, debería ser posible discrepar sin que se nos acuse de antipatriotas, disentir sin que signifique que estamos llenos de rencor. Es difícil no ofenderse cuando el presidente del gobierno nos dice a los ciudadanos que nos manifestamos contra la guerra que queremos que mueran los soldados españoles en Iraq, que nos relamemos porque a Estados Unidos se le han torcido las cosas en su mal diseñada ocupación iraquí. No se puede caer más bajo. El señor Aznar es sus modos y maneras de enfrentarse a quienes disienten produce unos efectos secundarios peligrosos.

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